Más vale parecer un idiota con la boca cerrada
que abrirla y disipar la duda
que abrirla y disipar la duda
¿Os ha pasado alguna vez que preferiríais no hablar en absoluto delante de cierta persona porque sabéis que cualquier cosa que digáis va a ser malinterpretada, y posible origen de una discusión? A mí me pasa.
Rara es la conversación en la que no salten chispas por ambas partes. Me gustaría decir que la culpa la tiene él, pero no sería del todo sincero. Basta con que yo diga algo para que él salte a hacer alguna matización o desarrolle su punto de vista, por supuesto diferente al expuesto por mí siempre y en todo lugar. En algunos casos el comienzo de la discusión es una malinterpretación de algo que todo el mundo entendió como se debía, salvo quien no quiso entenderlo tal cual. El comentario va engordando hasta hacerse una bola que acaba explotando ante la vista de todos en forma de una bronca tonta y sin ningún sentido.
Si no eres una de las dos personas implicadas, la situación es bastante desagradable. Alguna vez se ha querido quitar hierro al asunto y ha sido él el que emperchó contra quien intentaba poner paz. Es como si él necesitase hacer estallar a alguien para retroalimentar su ego. Quizá sea así en realidad.
El caso es que en estos casos lo que pudo ser un comentario chistoso se toma en serio sin tener por qué y todo se torna en argumentos que hacen que ambas personas salgan mal paradas. Él es centro de subsiguientes discusiones porque no es capaz de aceptar que las va liando. Yo estoy harto de que me haga parecer mala persona sólo por no pensar como él. No hay forma de hacer ver al uno que en el comentario original no hubo ninguna mala intención ni hace falta entrar a trapos que no existen, ni hay forma de hacer ver al otro que podría quedarse calladito alguna vez sin enarbolar la bandera de la justicia como un bobo. Lo de calladito va por mí, pero ya lo voy entendiendo...
Creo que voy a optar por callarme y disfrutar del "show" que este hombre monta en lugar de intentar hacerle reflexionar. Quizá estando entre dos fuegos, quienes acaben quemados sean los demás, y yo por mi parte siga sin conseguir nada y haciéndome mala sangre.

Silencio Azul I - Agustín de Celis