126. No Quiero un Padre
Te refugiabas en él como una niña asustada ante la tormenta de la vida. Fue para ti una pareja, un amigo, y un padre. Eso último es lo que le echas en cara, cuando tú misma ibas a acurrucarte en su pecho.
Ahora dices que buscas alguien que te motive sexualmente, porque eso es algo muy importante. Fíjate, en eso ya tienes hechos muchos descartes: no eres ni para los eyaculadores precoces ni para los violadores en serie, ni para los impotentes ni para los disfuncionales. Los que tengan cualquier tara física que les impida mantener relaciones, tampoco tienen nada que hacer contigo.
¿Y tú me dices que enamorarse es lo mejor que le puede pasar a alguien?
Quizá tú no de él, pero él estuvo enamorado hasta las trancas de ti hasta que pasó lo que pasó. Me gustaría encontrármelo alguna vez por Madrid. Quizá su forma de quererte tenía algo de paternal porque él quiso ser tu roca, al menos hasta que la roca dejó de resultarte morbosa. Ser roca ya es difícil. Ser una roca pisoteada es muy duro. Te quiero y te respeto, pero no puedo darte la razón.
Sigues siendo la niña asustada, eso lo sabes tú, lo sé yo, y lo sabe quien te conoce. Ponte los caparazones que quieras, disfrázalo como mejor puedas, pero estoy seguro de que en esos momentos en que callas y te reencuentras, echas de menos a ese padre-amigo-novio que siempre quiso estar contigo, aun cuando tú no querías.
Niña L, pase lo que pase, nos tienes a tu lado. Eres un peligro si se te deja sola. Ahora me pido ser yo el padre que te ponga las pilas. Tú lo pediste. A D le deseo suerte en la vida. Te regalo una canción que espero sientas como tuya dentro de no mucho. A mí al menos me da paz.
A menudo me pregunto
por qué siempre que me besas me deshago...