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lunes, 16 de abril de 2007

47. De Otoños y Primaveras


Cuando vivo bajo un chaparrón, me gusta pensar que por cada otoño, por cada invierno, hay una primavera. Las cosas mudan de color, el ambiente cambia su estado de ánimo, y algo parecido nos pasa a las personas.

Yo soy de los que decían que el paso de las estaciones no hacían mella en la personalidad. Sin embargo, cuando llega el cambio de estaciones interno es cuando todo parece trastocarse sin previo aviso.

El otoño llega sin darme cuenta, y estoy seguro de que si no moviese los pies el invierno me congelaría de dentro hacia fuera. Me niego a vivir bajo el chaparrón. No es optimismo; es supervivencia, es ser práctico.

Hoy os traigo una canción de uno de mis favoritos. Es un tipo extraño, y a la vez un mago musical. Es un hombre que ha estado, y creo que sigue estando, metido en el círculo vicioso de las drogas. Esas drogas que le hicieron perder a su novia Marga. Es un personaje al que le cuesta muchísimo componer, y sus discos rara vez tienen más de diez canciones. Se toma muchísimo tiempo para dar un disco por bueno.

Por él también pasan las estaciones. Les ocurre a los creativos, a los magos, a los que tocan el arte con la yema de los dedos. A los que están más cerca de la belleza. ¿Cómo no iba a pasarme a mí? Pero yo, como él, quiero cantar aquello de: "Y por esto vivo el día / día simple, día claro / vivo al menos sin temores, / sin el miedo de gozar. / Cada pueblo, cada puente, / cada cruce me ha enseñado / que con hoy es suficiente / y mañana es demasiado."

viernes, 13 de abril de 2007

46. Toca Festejar

Creo que me puse las zapatillas con el pie cambiado y tampoco es que sea buen bailarín. Para quien quiera bailar, allá va la canción de turno.

Toca festejar:
- Que Paloma sonrió por segunda vez en sólo una mañana.
- Que creo que Bett tocó una nube con la punta de los dedos, subiéndose al árbol más alto del bosque.
- Que los puntos suspensivos que siguen a nombres propios pueden ser nombres propios con mayúscula.
- Que el nudo que entre todos le hemos puesto a la bichóloga en la garganta se va deshaciendo con miel y sonrisas.

- Que mi hermano, discípulo aventajado del Dr. House, cumple años.
- Que tengo mucho que agradecer, y muchos a quien hacerlo. Estáis todos aquí, dentro. Si os saco fuera en forma de palabras, seguro que me dejo a alguno.
- Que me apetece festejar... ¡porque puedo!


Seguro que Ángel, Mik, Víctor, Marcos y Cris no se pierden la fiesta, menudos son ellos. ¿Quién más quiere unirse? Sin derecho de admisión, sin pagar entrada ni consumiciones.

miércoles, 28 de marzo de 2007

33. Allá voy

Por fin me decidí.

Ya sé dónde ir. No sé si es la mejor opción, no sé si acertaré o habría hecho mejor en decidir otra cosa. Nunca lo sabré, ni quiero saberlo.

Quiero saborear esa sensación de alivio, aunque el miedo a lo diferente siga ahí. No es tan diferente en realidad; ya probé esta solución, y creo que fue lo mejor que hice en mucho tiempo.

Mi yo íntimo quería tomar esta decisión, pero no podía tomarla a solas. Recibí un apoyo con el que no contaba, un apoyo que fue un abrazo y una declaración: "Vete allí".

Cádiz, allá voy. Mi Cádiz, te echaba de menos.

martes, 27 de marzo de 2007

32. Historias de Ratas - I


Estamos comiendo su mamá, ellos y yo. Su mamá reparte la comida de ellos, y sirve a la comandanta la última. Ella no se lo toma bien, y dice a su mamá:

- Jooo mamá, qué poco.

Su mamá, para que no se enfade, cuando le pone su comida le dice:

- Qué va, si todo es para ti. ¿Ves? No queda nada más. Todo para ti.

No quita ojo al plato del super-ratón, y a la que éste se despista le "coge prestada" parte de su comida. Él la mira atónito, le cuesta reaccionar. La ratita presumida, más rápida, le dice:

- Aaaaah, ¡para mí todo!

Si lo dice la comandanta y también mamá, será que tienen razón. El super-ratón, dócil como sólo él es, no replica.

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El día del Padre, san José, la ratita aprendió que los días tienen otro nombre diferente a lunes, martes y compañía. Le expliqué que cada día del año es la fiesta de una persona, y que san José era el mejor papá que había. Por eso, el día del Padre lleva su nombre, y todos los papás hacen fiesta.

Miedito me daba que me preguntase qué día era al día siguiente: san Ambrosio. ¿Qué historieta le podría contar entonces? Menos mal que fue a preguntárselo a su madre:

- Mamá, mamá, ¿qué día es hoy?
- Martes.
- No. ¿Qué día es hoy?
- Hoy es martes.
- Noooo. Ayer, "sanTosé", ¿y hoy?

jueves, 15 de marzo de 2007

28. Otro Lugar

He encontrado un sitio que no entiende de dimensiones ni distancias. Allí podré construir la mansión de mis sueños. De tan bonita que quedará, será la envidia del vecindario. Ahora estoy de obras y diseñando los planos. No tengo claro cómo quiero que sea ni cómo distribuir las estancias. Lo único que quiero es que sea un lugar diferente.

Me estoy planteando pedirle ayuda a Paloma, que creo que de planos entiende. Si sus gatos ayudan, acabaremos antes. Pero no hay prisa, conviene construir disfrutando de cada elemento puesto en lugar estratégico. Una arquitecta con ilusión y uno con todo el arte del mundo serán de la mejor compañía. Construir, caminar, todo nos lleva hacia otro lugar.

Tampoco tengo claro lo que me va a costar económicamente una obra de esta magnitud. Espero que la niña de los puzzles me ayude a hacer números. Estoy seguro de que, sea cual sea el coste, valdrá la pena. No me olvidaré de que haya habitaciones de sobra, y una estará pintada con tu color.

Otra de las salas es la que más ventilada estará. Quien entre en esa habitación podrá sentir una leve caricia en la mejilla y oirá cómo la lluvia cae mansamente en el suelo que la naturaleza pintó de verde. Será la habitación donde desayune todos los días, contigo.

Las cosas no son lo que eran, ni tampoco la salud. Nunca pensé que el botiquín sería necesario en mi vida, pero me temo que es mi eterno compañero de viaje. Lo tendré siempre repleto, haré inventario de lo que hace falta. Creo que visitaré esa sala muy a menudo, mal que me pese a veces. ¿Estaré volviéndome un yonqui?

Por si acaso sucede, tendré que reservar un gran espacio para los habitantes que sepan más que yo de ese asunto. Seguro que cabrán los médicos y la enfermera más importantes para mí. Sé de un médico que aspira a ser igual de borde que House aunque todos sepamos que no cuela, y de una enfermera de aspecto frágil pero que emana serenidad con sólo mirarla.

Me fío de ellos dos, aunque no tienen mucha práctica todavía. Estoy seguro de que necesitaré ayuda especializada, y por eso necesito una habitación con vistas al mar que abraza a tu Cádiz y el mío. Allí pondré la servilleta que robamos de aquel restaurante y ese chupito que no nos terminamos. A tu salud, Almirante.

Este lugar no entiende de dimensiones, y quiero diseñar una sala especial para los viajeros. Será una sala de un millón de rincones, para plasmar colores, olores e imágenes de los sitios más interesantes que ven mis ojos a través de los tuyos. Un pasadizo de color púrpura será como el vaso comunicante que me lleve a cada uno de los sitios.

En la planta baja he decidido poner la sala de juegos con la esperanza de que os quedéis. Hay una zona verde para volver a construir en la arena con el agua que cae de la fuente. Hay piedras en el suelo por si nos invaden los pijos. Hay hasta un lugar donde volver a tocar las canciones de siempre, reírnos de lo de siempre, pero disfrutar como nunca.

Sólo hay un instrumento que coloco en otro lugar: la guitarra. Está en la despensa, para amenizar las tardes a las ratas. Son tan alegres que ni los gatos de Paloma corren tras ellas. Mucho me temo que me pasaré horas mirándolas hasta que se hagan mayores y no quepan en la despensa ni ellas ni sus sueños.

Por eso, en la planta más alta de todas, estará el lugar para los que quieran soñar e ilusionarse. Hay una pista de ala-delta para quien quiera lanzarse y volar. Hay nubes de algodón por si alguien quiere sentarse en una de ellas y ver girar el mundo desde arriba. Hay bandas sonoras, besos de película, sacos llenos de sonrisas y abrazos, cuentos de princesas y sapos, de ranas y príncipes. Hay también un laberinto para cuando Bett quiera perderse, y para que la chiki sepa qué se siente cuando se sale de él tras intentarlo.

En el jardín hay una mesa de campo con cinco sillas, por si Ángel y compañía quieren pasar esos ratos que les faltan. En la silla de él, una grabadora para que con ella conserve todos esos momentos mágicos que está viviendo. No le hará falta, estoy seguro, él distingue bien lo que vale la pena de lo que no, pero me gustaría que se quedara así para siempre. Soñador, despierto, partido de la risa.

Es otro lugar. Mi futura casa. Necesito mano de obra para construirla, y gente que sepa hacer milagros. Mi corazón está en obras; debe ensancharse mucho para que todo esto quepa en él. No sería lo mismo.

viernes, 9 de marzo de 2007

25. ¿Hay Alguien?


Es tremendamente desgarrador lo de los dos mundos. Tengo que vivir en uno, pero en mi horizonte no pierdo de vista otro que también es parte de mí. El mundo en el que vivo cada vez me da más asco y cada vez sé menos qué es lo que puedo hacer.
* Si manifiestas alguna creencia religiosa, sobre todo católica, es que te han comido el coco, eres un retrógrado, se ríen con esa condescendencia del que se cree superior.
* Si manifiestas alguna razón política para manifestarte o no respaldar lo que hace el actual Gobierno, eres un agitador, un rancio, descendiente del Caudillo y otras lindezas.
* Si resulta que piensas cercano a un católico y no respaldas al Gobierno, como yo, estás condenado a tener que pelear y no contar con muchos apoyos. Tremenda joyita que eres.
Eso, de puertas afuera. Otras cosas personales hacen que viva tremendamente solo en este mundo impuesto. No puedo decir que esté solo por culpa de los demás; pierdo gente realmente importante para mí por torpeza, o como esta vez por herir donde más dolía: con la mentira. Aunque ya llevaba tiempo caminando solo, ahora esa percepción me da con fuerza en la cara. Por tu parte, me merezco caminar solo.
Las personas más próximas a mí también dicen que he cambiado, y parece que eso las alejó de mí, o me alejó a mí de ellas. Debo encontrar el camino que me conduzca de vuelta a lo que soy y a quien quiero. Es demasiado doloroso vivir sin sentirse querido, aunque haya que vivir normalmente pese a todo.

Despair - Edvard Munch



(*) La partida de paddel tendrá que esperar a esta tarde. Portaos bien en mi ausencia.

miércoles, 21 de febrero de 2007

22. Arriba, abajo

Arriba, abajo, mis pies van marcando los pasos. Arriba, abajo, buscando su camino entre un mar de gente. Arriba, abajo, contagiándose del frenético Madrid mañanero. Arriba, abajo, mis pasos se asemejan al resto de pasos: impacientes, torpes, ruidosos, apresurados. Arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo...

Es el mismo arriba y abajo tan rutinario para tanta gente que en vez de caminar parece que vuela por las calles. Ese arriba y abajo que tanto echo de menos. ¡Qué mono tenía de callejear!

Será que hoy no llego tarde a ningún sitio ni nadie me está esperando en ningún lado, pero me ha disgustado tener que seguir los pasos de otras personas, como si yo no tuviera autoridad sobre los míos. Pasear es uno de mis mayores placeres, y sería un crimen que este momento lo vulgarizase de esta forma. Es mi paseo, son mis pasos. Yo elijo la longitud de zancada, la dirección a la que me dirijo, la velocidad a la que mis pies se mueven arriba, abajo.

Marco conscientemente mi pasos. Esta vez soy cómplice del brillante y azul día de invierno que nos ha visitado hoy. Ya que camino, prefiero disfrutar del itinerario. Sé que lo que importa es la meta, pero... ¿por qué no jugar a hacer de nuestra senda algo fantástico? A veces tortuosa, a veces sin sentido, pero es mi camino. Por eso puedo variar el sonido que hagan mis pasos, y puedo jugar con las distancias.
Arriba, el cielo azul. Abajo, mi camino de hoy. Entre medias, yo. Delante de mí, ilusión. Detrás, experiencia. Conmigo, el presente.

Y allá a lo lejos... quién sabe.

domingo, 11 de febrero de 2007

20. Nunca Son Las Siete

La casa de mi hermana mayor está llena de ratas. Son las únicas tres ratas que me gustan. Me gustan sus ojitos brillantes, sus morritos, y el ruido curioso que hacen al reírse. Como en las familias de abejas, las ratas han nombrado una rata reina. Los otros dos ratoncillos se dejan hacer y deshacer, para ellos no es problema tener una rata reina que les maneje. Por eso dejan que la comandanta del salón lleve la voz cantante.

La comandanta del salón vuelve a levantar la vista y se señala la muñeca para preguntarme la hora. Sabe que cuando el "tito Avi" diga que son las siete ella podrá ir a por la guitarra y se montará una fiesta improvisada, los cuatro en círculo sentados en la alfombra. Lo que ni ella ni los otros dos ratoncillos saben es que hoy no tengo ganas de guitarrear. Me duele bastante la cabeza y no tengo el cuerpo para fiestas y por eso, aunque ya son las siete y cuarto, para ellos aún quedan veinticinco minutos para la "hora G".

Me aprovecho de que la rata reina y el super-ratón están aprendiendo a sumar hasta diez y no son conscientes del paso del tiempo del mismo modo que los adultos. Esta tarde estuvimos sumando usando lápices de colores. Tres por un lado, y cuatro por otro lado, echan la cuenta y se paran en el número siete. Sin embargo, no pasa mucho tiempo hasta que se cansan de tanto numerito. Ahora llevan un rato coloreando dibujos que previamente me han pedido que les haga. Como ratas modernas y de ciudad que son, exigen que las casas tengan "siminea", árboles y un "malón" para que jueguen otras ratas.

El ratón colorao, el "Zanahorio", abre mucho sus ojos para procesar en sus pupilas toda la información que pueda. No quiere que se le escape nada, quiere verlo todo y en eso se entretiene. Es el autodidacta, se pasa el tiempo mirando y, estoy seguro, pensando en el poco sentido que tienen algunas de las cosas que pasan. Mientras, el ratón mira a la ratita reina y le pregunta:

- ¿Itara?

Son las siete y media. Me sonrío cuando vuelvo a mentirles y les digo que son las siete menos veinte. Me sonrojo un instante después, cuando la ratita deja sus pinturas encima de la alfombra, y con gesto muy serio y de concentración, empieza a contar: "Uno, tos...", pero en algún momento se para, perdida entre tanto número. Tras un micromomento de silencio, llega al número "ente". Intuye que el "ente" es también un número, y que si se acaba el "ente" serán las siete y tendremos fiesta. Con su sonrisa de leche me mira la muy tramposa. El ingenio de las ratas pueden con los manejos de los adultos.


Pienso en lo fáciles que hacen las cosas mientras nosotros intentamos planificarlo todo, contabilizarlo todo, controlarlo todo. Ellos no controlan los números, no controlan el tiempo, pero controlan la hora en que empieza la fiesta. Quizá ellos no sepan de horas ni minutos, pero son especiales. Sólo en su mundo las siete son a cualquier hora del día.

Benditos niños.

sábado, 10 de febrero de 2007

19. Sala de Espera - I

Ella espera con el gesto imperturbable, sentada en uno de los asientos que dan a la ventana. Llevo viéndola desde hace unos días. Ella espera -supongo- para entrar a ver a alguien; yo espero para salir a ver a alguien. En la sala de espera todos esperamos algo. Su gesto es tremendamente triste; el mío le pregunta con la mirada. Ella es consciente de que la miro, y hace un tímido gesto para cerciorarse de que es así. Sus ojos chocan con mi mirada y rápidamente la esquivan. Y vuelve el gesto imperturbable.

Hoy éramos tres los que esperábamos, y pronto fuimos dos. Ella esperaba para entrar a ver a alguien; yo para que alguien me viera y, con suerte, volver a casa. Hoy, sin embargo, no tenía ganas de investigar qué podría pasarle. A fin de cuentas, antes de salir de casa el móvil volvió a dejarme colgado en una conversación que me estaba dando mucho que pensar.
"Piensa que estás aquí, y que eso es mejor que nada". En mi cárcel mental, hoy pensaba que no sé quién sale ganando por el hecho de que yo esté aquí. Desde luego, en ese momento yo no sentía que yo saliera ganando, pero a estas alturas del partido no voy a dejar de jugar. Así intentaba autocompadecerme pensando que tenía material de sobra para hacerlo, hasta que fue ella quien me habló:
- Siempre estás sonriendo y hoy no.
- Bueno, es difícil estar sonriendo todos los días.
- Ya. Yo no tengo ganas, pero tú no tienes que dejar de sonreír.
- Todos deberíamos sonreír un poco más, ¿no?
- Es que te veo hablando con la gente y sonriendo, y tienes que tener motivos para sonreír. Hoy también tienes que encontrarlos.
- Bueno, yo creo que todos deberíamos encontrar motivos, no sólo los que "vivimos" aquí.
- Yo pienso y no tengo motivos.
- Pero estás aquí, esperas algo.
- Sí, que mi madre se ponga bien. Pero luego todo será igual, las cosas no cambian.

Seguimos hablando durante un rato. Nuria piensa que su madre, cuando la ve, piensa en la violación que sufrió. Piensa que su madre la ve como un monstruo, como un recordatorio de algo muy doloroso. Dice que, aunque su madre se ponga mejor de sus dolencias, ese hecho no cambiará. Ella quiere a su madre, la quiere y la odia por haberla tenido. De todo esto, como era de esperar, manó una conversación muy personal sobre el aborto.
- Es que tú no lo entiendes. Dices que lo importante es estar vivo, pero así no vale la pena. Para que mi madre esté odiándome cuando me ve, prefiero no haber nacido.
- No digas eso.
- No la ayudaron cuando dijo que me tendría. Todos querían que abortara.
- ¿Pero no te das cuenta? El hecho mismo de que te haya tenido significa que para ella eres alguien importante desde que estabas dentro de ella.

Ella se puso a llorar y me enseñó una gran lección. Vine pensando en mí mismo, en que para mí, al menos hoy, no valía la pena seguir esperando. Camino a casa, vine pensando que lo que de verdad duele es pasar la vida pensando que no eres querido. Esa soledad sí que machaca la esperanza, y Nuria esperaba y esperaba en la sala. Con su gesto imperturbable pero las emociones a flor de piel.
Ojalá ninguno de los dos perdamos la esperanza y retomemos esa conversación en la sala de espera, en los asientos que dan a la ventana. Yo le prestaré mi sonrisa; ella a mí, su constancia.
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PD. Mañana, domingo 11 de febrero, referéndum sobre el aborto en Portugal. Personalmente, preferiría que hubiera muchas Nurias en el mundo. Pediré por ello.