jueves, 11 de octubre de 2007

92. Caleidoscopio

Un mismo hecho multiplicado. Varias figuras simétricas vistas a la vez. Y, sin embargo, todo lo mismo, todo igual. Un parto múltiple de imágenes idénticas bajo el mismo prisma.

Con los humanos, sin embargo, esto no ocurre. De una misma situación existen tantos puntos de vista como personas implicadas. Cada hecho fue vivido por cada uno como algo diferente. Hacer un puzzle intentando cuadrar todas las distintas opiniones bajo una sola es toda una hazaña. Quien lo intente será carne de pasarela, y luciría las nuevas tendencias para el próximo invierno: una ceñida y blanquísima camisa de fuerza de Gaultier, con zapatos de Manolo Blahnik a juego. Loco de atar.

Creo que nadie debería poder exigir un posicionamiento a alguien que es ajeno a una historia. Si el posicionamiento fuese a nuestro favor, es cierto que nos sentiríamos mejor, ayudaría a no sentirnos los malos de la película. Sin embargo, ¿hasta qué punto vale lo que opine aquél que ve la situación desde un caleidoscopio en el que ya no aparecen las mismas imágenes, sino una multiplicidad de imágenes diferentes? ¿Hasta qué punto es fiable su conclusión? ¿Hasta qué punto se le puede pedir una conclusión?

El caso es que ayer me metí en un lío por una historia que no era la mía. Entendí que la amistad es estar ahí, acompañando, y que por mi bien voy a optar por declinar las invitaciones a zambullirme en esa historia. No quiero saber. Quiero que el uno esté bien, y quiero seguir disfrutando de las conversaciones del otro.

Lo peor es que pienso que posiblemente esta conclusión no haga mucha gracia a nadie. Es mi forma de entender la amistad o las relaciones humanas. No tengo calidad ni capacidad para ser juez; tampoco soy lo suficientemente listo como para distinguir la verdad de las cosas. Con el tiempo, supongo que se verá qué tipo de amistad vale más la pena: si la del que da la razón o la del que acompaña.

lunes, 8 de octubre de 2007

91. Vuelve a Iluminarte

Todos tenemos derecho a una baja si el médico así lo cree. Tenemos derecho a días de asuntos propios dependiendo del trabajo. Todos podemos querer desaparecer en un momento dado.

Tenemos derecho a pasarlo mal, a vagar por etapas en que vendamos caras nuestras sonrisas. A caminar a ciegas, a gruñir, a tener una panda de malos días tan largos que llegarían desde donde tú estás hasta donde estoy yo.

Amig@: tienes derecho a la furia, a la tristeza y a todos los demás males que escaparon de la caja de Pandora. Te otorgo el derecho a caerte, pero no el derecho a revolcarte por el suelo. Cáete, pero no te rindas.

Vuelve a iluminarte, aunque sólo sea por darme el gusto. Aunque no merezca que me lo des. Vuelve a iluminarte; sólo tú puedes hacerlo.

PD. No olvides cambiar la palabra "Estrella" por tu nombre, sea cual sea.



domingo, 7 de octubre de 2007

90. Cama para Dos

De nuevo, volví a despertarme en lo mejor.

Estábamos juntos en la cama, abrazados. Sonreías, y en la curvatura de tus labios quedaba prendida mi dosis de felicidad matutina.

Dormir contigo, estar juntos y verte feliz. Felicidad plena estropeada de nuevo por las primeras luces del día y el súbito latido exacerbado del despertador.

Con los ojos ciegos busco, sin despertarte, sin moverme apenas, las gotas de energía con las que me ayudas a afrontar cada día. Noto una leve sonrisa abriéndose camino en mis labios, mientras a tientas trazo con mis dedos el dibujo que tu piel dejó en mi memoria.

A tientas, pero con la seguridad del que sigue un camino previamente transitado, de la senda preferida para perderme, acaricio los contornos de tu cuerpo plácido, que descansa en la neutralidad del territorio cubierto por las sábanas, frontera entre mi piel y tu... ¿¿¿tus pelos???



Así conocí a Oliver, tras un sueño que me dejó con la miel en los labios y el miedo en el cuerpo. Porque siempre me han dado un no sé qué los gatos, y tener uno en mi cama así por las buenas no era algo que siquiera hubiese soñado jamás. Siempre vi a estos animalitos como imprevisibles. Desde crío me dijeron que mirarles directamente a los ojos no les gusta y que pueden saltar cuando menos lo esperes. Lo que no me habían dicho es que, también cuando menos lo esperes, se te apalancan en la cama sin previo aviso.

Nunca hasta ahora se me hizo tan cierto aquello de que "La vida hace extraños compañeros de cama". Oliver y yo llevamos compartiendo cama unos cuantos días, y ya nos hemos habituado el uno a la rutina del otro. Cuando me levanto, él se levanta; desayunamos a la vez; nos ponemos a trabajar a la vez, yo desde casa y él... "gamberreando" por ahí hasta que, por la noche, cenamos y finiquitamos el día.

Una buena amiga que entiende de animales (hola, Liber) me aconsejó llevarle al veterinario. Las manos me temblaban cuando le llevaba envuelto en una toalla, las patas agarradas para que no intentase huir. Hasta entonces yo ni sabía decir si Oliver era él o ella, no nos conocíamos tanto. Ahora sé que tiene dueño pero que me gorronea por las noches. Liber dice que me ha adoptado y no tengo claro si eso es bueno o malo. De momento, aprendí que los gatos también pueden comer salchichas y jamón. Para ser gato, tampoco es que de momento deje muchos pelos. Y encima, hoy, al ponerle el desayuno... ¿me hizo un mimo?

Vamos, que por un lado espero que algún día adopte a otro o vuelva con su "dueño de día", y por otro lado, si se encuentra bien aquí, quizá sea cuestión de perderle el miedo.

jueves, 4 de octubre de 2007

89. ¿Cómo Sientes?

Hace un tiempo, un usuario anónimo comentó en este mismo blog dos solitarias palabras. "Te amo". Si el usuario anónimo sigue frecuentando este rincón espero que lo que voy a decir a continuación no le moleste ni le haga sentir mal.

Supongo que no soy muy bueno hablando de sentimientos, y por eso las palabras que sirven para etiquetarlos no tienen un significado muy especial para mí. Un "te amo" me parece el sinónimo cursi de un "te quiero", la frase más repetida en los culebrones. Nunca dije "te amo" en mi vida, aunque amé. El "te quiero" usurpó el lugar de esas dos palabras si alguien me importó más de lo que hubiera estado dispuesto a admitir. El "te quiero" es la red para mis escogidos, dos palabras modulables en volumen, acompañadas o no por gestos dependiendo de la situación y la persona a la que van dirigidas. Puedo gritarlas cuando se me desboca el corazón, y susurrarlas casi imperceptiblemente de pura impotencia al no encontrar una forma mejor de expresar lo que siento. De este modo, el "te quiero" es diferente según el destinatario.

No. Las palabras no llegan, se quedan a medio camino para lo que quiero decir. En cuanto las pronuncio, se nubla lo que siento. Las palabras quedan a años luz, no encuentro la fórmula para explicarme. Quizá siempre estuve equivocado y el "te amo" es un escalón superior en la cadena de sentimientos. No creo que de mi boca vayan a salir alguna vez esas dos palabras. No me transmiten fuerza ni poesía; es más, dinamitan el momento, convirtiéndolo en un baño empalagoso de miel.

Sin embargo, los "te amo" tienen significado para alguien que me importa. Dice que ya encontraré las palabras que se adecúen a lo que quiero expresar, y yo lo dudo. Las palabras hace tiempo que perdieron su brillo; el silencio es la forma más evidente de decir aquello que siento, aunque en ese caso sólo lo sé yo, y no la persona a la que se dirigen mis sentimientos. Quizá mi forma de expresar sentimientos sea no verbal; quizá las palabras adecuadas me estén esperando. Antonio Orozco las ha encontrado, a lo mejor yo necesito clases de educación emocional...



¿De qué forma sientes tú?
Cuando quieres y cuando amas, ¿es diferente?
¿Hay una escala de emociones, una forma de ordenarlas por categoría?
De haberla, ¿qué lugar ocuparía el estar enamorado?

lunes, 1 de octubre de 2007

88. Una de Wilde

Habrá quien piense que tengo los pies en la cabeza y la cabeza en las nubes. Que no soy práctico, que vivo en un mundo paralelo, que ya es hora de que me tome las cosas en serio. Yo también lo pienso a veces, aunque termino concluyendo que no todos estamos hechos para una sociedad de tiburones. ¿Qué pasa si se me ocurrió nacer delfín?

Cada uno tiene un camino y ha de poner en marcha las estrategias que vea convenientes para llevarlo a término. Llámalo estrategias, llámalo ilusión, esperanza, sueños. Las estrategias de cada cual son tan diferentes a las del resto de personas que no por eso tenemos que ver lo propio necesariamente como lo mejor. El hecho de que una persona tenga una ilusión, un proyecto que le impulse hacia adelante no le da razón para dejar en mal lugar los proyectos e ilusiones de otros.

Supongo que de puertas hacia fuera mi visión de la vida parece demasiado teórica, demasiado de cuento de hadas. La vida es dura, a veces cruel, y eso lo sé demasiado bien. Sin embargo, cuanta más dureza, mayor es la ilusión que intento poner en la balanza. Hasta ahora la ilusión ha podido con los obstáculos. Vivo a golpe de ilusión y de esperanza, y justo estos dos motores me mantienen con los pies bien puestos en el suelo, peleando y conociéndome más día a día.

Esta es mi declaración de intenciones, y hasta que no encuentre algo mejor seguirá siendo así. Puedo estar equivocado, pero de momento nada ni nadie me hizo ver lo contrario. Es preferible vivir ilusionado aun siendo delfín que ser un tiburón de corazón angustiado. La ilusión en sí misma ya es una batalla ganada; la ambición puede ser el arma con la que se maquilla una jauría de sentimientos. Como diría Oscar Wilde:


"La ambición es el último refugio del fracaso".


Cuando alguien se ha alejado tanto de uno mismo que necesita aferrarse a la ambición por cosas exteriores para respirar con un sentido, ¿de verdad que esa ambición es sana? ¿De verdad que es preferible vivir así? ¿Todos debemos jugar al mismo juego? ¿Si no se vive así no hay lugar en esta sociedad? En cualquier caso, por el momento, prefiero ser delfín.

If you can't swim with the big fish, stay out of the water.